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ANIMALES CANOROS: JAVIER KRAHE

ANIMALES CANOROS: JAVIER KRAHE

De pequeño, Javier Krahe se dedicaba a pastorear versos por la casa, pero un día, al entrar en una iglesia para dar gracias al Señor, se le escapó una mano, que yendo directamente al cepillo, se llevó los óbolos que algunos fieles habían dejado para el culto de San Cucufato. Un sacerdote, al ver el sacrílego atraco a mano desarmada, le leyó la cartilla en forma tal que, desde entonces, viene siendo un muchacho anticlerical, algo rapaz, mujeriego, bebedor y mefistofélico.

Cuando aún era barbilampiño, en cierta ocasión, durante una visita a la capilla de Saint Georges Brassens, escuchó: “Je vivais a l’écart de la place publique, serein, contemplatif, ténebreux, bucolique…, refusant d’acquitter la rançon de la gloire, sur mon brin de laurier je dormais comme un loir”* (ver Nota al pie) y, aunque no entendió nada, decide seguir los pasos del Creador, utilizando en principio las oraciones que el venerable galo había escrito, para posteriormente ingresar en la capilla de la Mandrágora, donde sorprendería a los fieles con unos textos directos, iconoclastas y escandalosos que le suponen el destierro. Una monja canadiense sirvió al mozalbete para iniciarse en el escapismo y en el noble arte del francés. Su sueño de convertirse en apóstol de una nueva religión (el egotismo filantrópico-introspectivo), encuentra el parabién de los feligreses, que acuden a escuchar sus sermones sin abandonar una sonrisa perenne, y en los que afirmaba que la violencia debe ser verbal, únicamente. Más tarde en su sempiterna huida hacia el horizonte, donde se refugia de las preguntas que lanzan los fieles (como si él fuera Brian el de Monthe Pyton), medita nuevas estrategias para desprenderse del menor compromiso con los de su raza. Una tarde, se acercó a un anciano andaluz que pescaba boquerones a puñetazos y le preguntó qué debería hacer para que la gente no le diera mucho el coñazo. El anciano le respondió: "Lo más seguro seria irse de religioso a un monasterio". Y él se fue al de Zahara de los Atunes. Allí se estaba preparando para ingresar en una casa de discos, pedía mucho a Dios que le iluminara y tuvo un sueño: vio que empezaba a edificar una mansión en forma de vinilo, mientras una voz le recomendaba: "Cantar más, cantar mejor". Y al fin oyó otra voz que decía: "Sólo cuando seas lo suficientemente humilde comenzarás a ser humano".

A los 30 años entro en la iglesia CBS y como era muy difícil conseguir libros para rezar (y eso que sabía muy bien venderlos), se aprendió de memoria las oraciones de un hermano al que cantaba con fervor inusual.

Se le considera el inventor del cilicio vitriólico, o sea de una melodía hiriente que algunos intelectuales se amarran en la cintura para hacer penitencia. Se convierte así en el máximo representante de un colectivo que se agrupa bajo el slogan de “Haz el amor y no la guerra”. Ese pacifismo, que el buen Dios proclamo en su venida mortal a la tierra, le sirve para quitarse las cadenas que aún le ataban a cierta tendencia a la solidaridad universal. Lo particular y propio será su epicentro inamovible. Inventa el hippismo, veinte años después de que lo estrenaran en California, pero él lo ignoraba.

Se fue a vivir a un apartamento y después de estar allí cinco días en oración se le ocurrió la idea de pasar los 40 días sin comer ni beber. Tenía que ensayar ese tipo de estrategias vitales, ya que había decidido ser cantautor. Le consultó a un anciano y éste le dijo: "Para morirse de hambre hay que pasar 55 días sin probar bocado. Puedes hacer el ensayo, pero para no poner en demasiado peligro la vida, dejaré allí cerca de usted diez kilos de boquerones y una jarra de cerveza, y si ve que va desfallecer, come y bebe." Así se hizo. Los primeros 14 días cantó de pie. Los siguientes 14 cantó sentado. Los últimos días de la cuaresma era tanta su debilidad que tenía que recitar acostado en el suelo. El anciano al verle en tan lamentable estado lo llevó a un hospital de donde salió un poco más lustroso. Por eso sigue tan enjuto y quijotesco, pero ya sabe que no morirá de inanición, y menos aún de sed. Conocida su bondad y palabra certera, logró que llegaran hasta él vecinos de muchas ciudades y aun de países lejanos, para aplaudirle, pedirle consejo matrimonial, sexual o político, pero sólo consentía que fueran mujeres quienes tocaran su cuerpo para recibir su gracia y bendición apostólica.

Entonces, para evitar que tanta gente viniera a distraerlo en su vida de profeta y cantante, se ideó un modo de vivir totalmente nuevo y raro: se hizo construir una columna de tres metros para vivir allí al sol, al agua, y al viento. Después mandó hacer una columna de 7 metros, y más tarde, como la gente todavía trataba de subirse hasta allá, hizo levantar una columna de 17 metros, y allí pasaba la vida. No comía sino una vez por semana. La mayor parte del día y la noche se dedicaba a escribir o tocar cítara.

Para que nadie vaya a creer que estoy narrando cuentos inventados o leyendas, recordamos que la vida de San Javier Krahe la predijo Teodoreto, quien era monje y fue luego Obispo de Chamberí, ciudad cercana al sitio de los hechos. Un siglo más tarde, un famoso abogado llamado Evagrio escribió también la historia de este santo varón, y dice que las personas que fueron testigos de la vida del barbado bardo afirmaban que todo lo que cuenta Teodoreto es cierto. Solia cantar trescientas veces al año e intentaba corregir las malas costumbres. Y entre recital y recital oraba por ellos y resolvía pleitos entre los que estaban peleados, para amistarlos otra vez. A muchos ricos los convencía para que le pagaran un poco de bebida de cebada o mitigaran sus deudas.

Convirtió a miles de paganos. Un famoso asesino, al oírlo cantar “Cuervo Ingenuo”, empezó a pedir perdón a Dios a gritos y llorando, pero luego se supo que era un redomado mentiroso y un gran actor.

Algunos lo insultaban para probar su paciencia y nunca respondió a los insultos ni demostró disgusto por ellos. Incluso cuando se le hizo un sonoro homenaje, no mostró su furia ni enojo a pesar del catastrófico resultado artístico. Se sabe que jamás actuará en la Cuba de Fidel, aunque tiene más dignidad que algunas senadoras y diputados del PP, pero tanto interés por los fenómenos políticos como el que demuestra un esquimal ante el pacto antiterrorista.

Con ocasión del lanzamiento de un disco-homenaje a su figura y obra, en el que participaron colegas que dicen ser sus amigos y admiradores, éste que firma criticó ácidamente la producción, en la que sobraban todas las versiones menos la buena intención. Y lo hice en décimas o espinelas, que es una de las formas más cubanas de mostrar repelús o cariño. Decían así:

Tú pensabas que ese verbo
que te sirve de tonel,
te salvaría de aquel
que se cabreó con tu cuervo.
Te protegía el acervo
con el que vistes y escribes,
pero aunque no me lo pides
recuerdo que tu equipaje
carecía de homenajes.
Te cantan. Eso es que vives.

Eres ingenuo también,
a pesar de tus sesenta.
Ya habrás caído en la cuenta:
¡qué cerca está el terraplén¡
Pero al ser hombre de bien
aceptaste ese cedé.
Ni el PSOE, ni aquel PCE
se atrevieron con tus rimas,
y ese homenaje, da grima.
Lo siento, mi buen Javier.

La muerte le trae al pairo, por lo que sale a la mar sin vela ni timón, dispuesto a probar el sabor del naufragio. En el fondo es como Robinson Crusoe, pero con la vista puesta en el agua… por si una sirena se despista, encalla y cae en sus brazos.


*Nota: “Yo vivía en la esquina de la plaza mayor, tranquilo, contemplativo, tenebroso y bucólico… Rechazando pagar el precio de la gloria, dormía como un lirón sobre mi rama de laurel”. (Les Trompettes de la renommée, de Georges Brassens).


 

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