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Viv@Fidel

¿La Madre Patria?

¿La Madre Patria?

Hace algunos meses, un representante del PSOE llamado José Blanco, tras una extensa reunión del lehendakari con miembros de la izquierda abertzale, declaraba sin que el rubor apareciera en su rostro que “Ibarretxe no se ha reunido con Batasuna, sino con Otegui”, para salir al paso de las habituales descalificaciones políticas que una fascista del calibre de Maria San Gil acostumbra a soltar por la boca, insultando a la inteligencia con el mismo descaro que el siniestro Felipe González, a su vez amigo intimo del televisivo Jesús Quintero, quien ahora está bastante afectado por la detención de un tipo muy allegado a él, que resulta ser uno de los delincuentes mas connotados de la Marbella de siempre. ¡Pobre Loco de la Colina¡… Y es que él, en su paraíso terrenal, aún no se ha dado cuenta de que algo huele a podrido en Sevilla, desde que sus amigos del PSOE colocaron las posaderas en el Palacio de la Moncloa, dejando allá toda la hez y llevándose la mayor parte del papel higiénico.

Para tirar de la manta en esa maravillosa tierra andaluza hacen falta muchos millones, y un par de... Pocos parecen estar interesados en que se vean absolutamente desnudas las miserias, corrupciones, estafas y crímenes de todo tipo que han salido tímidamente a la luz, pero jamás se detenía a los verdaderos culpables, sino a los infelices de siempre. ¿Verdad, Pedro J. Ramírez?               

Es más que obvio que el País Vasco necesita la paz con urgencia, y para discutir sobre ello sobran únicamente quienes vomitan venganza y rabia, crueldad y frustración, ante el nuevo escenario que se ha abierto en Euskalherría. A espíritus formados en el rencor (¿verdad, Garzón, Grande Marlaska, Rajoy, Gabriel Albiac, Zaplana, Gustavo Bueno, Fernando Savater?) no les mueve ningún deseo de normalización democrática, sino la simple, sibilina y subliminal voluntad de torturar y encarcelar de por vida a cualquier militante abertzale, haya sido o no procesado por delito de pertenecía a banda armada. Eso sí, alguno de ellos asegura saber algo de ética. Pero conocer, desgraciadamente,  no es ponerla en práctica.

 

          Que yo sepa, en la nunca desparecida Policía Política española, casos como el del repugnante inspector Melitón Manzanas, espléndidamente ejecutado por ETA durante la dictadura de Franco, eran tan habituales que jamás se dio un paso a la hora de procesar a muchos de los delincuentes que formaban ese cuerpo represivo. Habría caído el noventa por ciento de sus miembros. Fue uno de los mayores errores de la maldita transición. De aquellos barros vinieron estos lodos, por lo que hoy pululan jueces sin escrúpulos que se lavan la conciencia buscando a otros asesinos, pero no en el territorio español, sino en la antigua Yugoslavia, Afganistán, Palestina, Chile y Argentina (jamás en Gran Bretaña o USA), como si cazando militares y policías en aquellos países, se pudieran olvidar las brutalidades que aún se cometen en los cuartelillos y comisarías de la puta madre patria, como dicen por Perú y México cuando se alude a  España.

 

          Esa madre patria no es la mía, sino la que mueve a José María Aznar y a sus secuaces para seguir poniendo barreras a la paz en el País Vasco.

 

          Esa madre patria no es la mía, sino la que aún ha sido incapaz de derogar la ley de partidos políticos que inhabilita (jurídica, que no democráticamente) a Batasuna para ejercer su derecho de representatividad.

 

          Esa madre patria no es la mía, sino la que permite que los medios de comunicación lancen todo tipo de mentiras ante la buena voluntad demostrada por los independentistas vascos.

 

          Esa madre patria no es la mía hasta que no cambie de costumbres, hasta que aprenda a ver dónde están los verdaderos enemigos de la paz, de la concordia y el perdón, que son precisamente los chicos y chicas del PP, esos babeantes fascistas que alaban a Franco en la intimidad y se declaran demócratas de toda la vida cuando salen a la calle a pedir venganza y más sangre.

 

          Esa madre patria no es la mía, ni es europea ni lo será jamás, hasta que esos psicópatas, agazapados en esa extrema derecha, sean ilegalizados en base a su constante apología del terrorismo franquista.

 

          Esa madre patria no es la mía, sino la que seguirá poniéndoselo difícil a sus embajadores (Venezuela, Cuba, Bolivia), en cuyas legaciones además de esos representantes estatales, pasean como perros por su casa una serie de espías del SIN (Servicio de Inteligencia Nacional), que se dedican a conspirar a favor de la reacción más repelente. Intrigantes criminales como los que en su día apoyaron el frustrado golpe contra Chávez, manipuladores que trabajan con los terroristas de Miami para derribar a Castro, agentes con cara de Mortadelo y Filemón que no hacen otra cosa que preparar intentos de golpe de estado, manipulaciones, intrigas y demás estrategias de desgaste, para acabar con cualquier presidente que le plante cara al imperio.

 

          ¿Qué necesidad tiene mi futura República Federal de mantener esa estrategia repugnante, o ese ordenamiento jurídico (verdadero dislate en un país democrático que respetara el sufragio universal), que impide a miles de ciudadanos luchar políticamente por sus anhelos de independería, una vez declarado el alto el fuego por parte de Euskadi Ta Askatasuna?

 

          Solo ocurre lo que ya aconteció en los años setenta, cuando el ejército portugués le dio la lección al español y preparó la revolución más florida de aquella década, luego frustrada y maniatada por los gobernantes británicos y norteamericanos, cuando metieron en prisión a dignos soldados como Otelo Saraiva de Carvalho. Que van con retraso a todos los avances políticos, que no llegan a comprender y aceptar lo que debe ser la libertad.

 

Solo acontece que la madre patria de Aznar, que no la mía,  siempre llega tarde a los conciertos, pendiente de ese motor chulesco llamado “postfranquismo”, que aún no ha desaparecido, sino que es comprendido por ciertos miembros del PSOE que se niegan todavía a condenarlo, prefiriendo, como los jueces inútiles y mentecatos, gastar tiempo y dinero persiguiendo a Pinochet o a Videla, para demostrar cuán progresistas se sienten, y cómo se lavan la conciencia en la sangre ajena. En tanto, su correligionaria Bachelet, cuyo padre padeció hasta la muerte en el Chile fascista, se niega a firmar las leyes que condenarían a los verdugos de su familia, o al asesino de Víctor Jara que se pasea por Santiago como si nunca hubiera hecho nada reprochable.

¿Cabe mayor ignominia, señora presidenta? Aunque tal vez, esa estirada vicepresidenta llamada Maria Teresa Fernández de la Vega también optaría por el mutis, permitiendo al criminal que continuara viviendo en paz y con buen sueldo. Al fin y al cabo se lo han permitido al cubano Raúl Rivero, ese terrorista disfrazado de poeta reprimido y acogido en Madrid como un pobre hombre dedicado al arte.

 

          ¿Qué ordenamiento jurídico es ese que permite la guerra preventiva y el genocidio en masa, que tolera los asesinatos impunes de Arafat y Milosevic, que alienta el terrorismo de estado y permite la tortura indiscriminada? ¿Qué justicia es la que condena al débil, al que nada posee, en detrimento del poderoso? ¿A dónde va esa Europa, injusta y deshonesta, hipócrita y mendaz, sino al desastre?

 

          Qué tiempos tan duros aquellos en los que se comprueba que  aquel Parlamento de 1979 se hablaba un lenguaje mil veces más democrático que en el del 2006.

 Qué tiempos tan curiosos aquellos en los que una mínima objetividad ya te coloca en la izquierda radical, o como decía el clásico, “qué tiempos tan repugnantes aquellos en los que hay que explicar hasta lo obvio”.                                                            

A Dios rezando y con las bombas dando

A Dios rezando y con las bombas dando

La negativa de Zapatero para asistir a la misa que Benedicto XVI celebró en Valencia (algún día se sabrá la verdad de por qué hubo tantas víctimas en el accidente del Metro de aquella ciudad), contrasta con la política de protección y financiamiento de la Iglesia Católica, que el mandatario puso en marcha para acallar las voces de la derecha más ultramontana. Sin embargo, como buen alumno de Felipe González, es fiel al aserto: una de cal y otra de arena, querido José Luis.

 El de León no se para en tapujos y, en un mágico viaje entre el sarcasmo y la hipocresía, es capaz de levantar el dedo a sus fans como diciendo “¡Qué huevos tengo¡, ¿eh, amigos?”, presumiendo de cierta coherencia por su inasistencia a la comedia papal, en tanto con otro (se supone que el anular de la mano izquierda), señala a sus ministros las arcas del Estado, para que vayan sacando del erario público todos los millones de euros que puedan utilizarse, con el objeto de que la religión sea estudiada y promocionada, no sólo en los colegios privados de carácter seglar o laico, sino en todos los establecimientos públicos destinados a la enseñanza, en clara trasgresión del principio de aconfesionalidad que determina la Carta Magna.  La relación entre la iglesia católica – absolutamente fiel al Papa, sin fisuras a lo Tarancón  – y el ejecutivo español es ahora paradisíaca. ZP es también capaz, en esa práctica del ilusionismo a lo David Copperfield, de condenar públicamente el ambiente bélico y asesino que atraviesa el mundo (solo por culpa del gobierno de EEUU y sus chantajes), pero condecorar tres minutos más tarde a un militar norteamericano que, además, aunque hubiera violado y torturado a alguna niña iraqui o afgana, jamás podría ser juzgado por ello ante un tribunal internacional. Coherencia socialista. Y en el colmo de la desfachatez, el hoy aznarista ZP envía a la Casa Blanca, humillado y patéticamente babeante, a su grupo favorito, Moratinos y los Escuálidos de la Moncloa, para que repitan ante el genocida Bush: “Salve, George, los que vamos a practicarte la fellatio te saludan”.  Más coherencia socialista, remedada por su correligionaria Michelle Bachelet, en Chile, que sonríe dulcemente al Senado de la nación andina cuando algunos de sus miembros condena la “represión contra los disidentes cubanos” (otra de las mentiras más exitosas de los enemigos de la Revolución), mientras los asesinos y torturadores del propio padre de la mandataria, de Salvador Allende, de Víctor Jara, y de otras miles de victimas de la dictadura, se pasean por Santiago entre la impunidad y el pasmo. Socialismo a la chilena. O sea, a la norteamericana. Yo todavía no “pisaré las calles nuevamente”, porque “lo que fue Santiago, sigue ensangrentado”. Y no lo haré hasta que los criminales cumplan su castigo.  

La Iglesia católica, que según los textos constitucionales del reino borbónico no debe tener otra presencia en la sociedad que la meramente espiritual, obra sin embargo conculcando la Carta, su propio credo, sus propios mandamientos, y así, cientos de sus representantes, obispos, arzobispos, cardenales, párrocos, etc.  han demostrado un amor inmenso al Señor, como se deduce cuando somos testigos de sus constantes mentiras, de su adoración por las riquezas y el lujo, la práctica de la sodomía, la traición, colaborando en el narcotráfico y bendiciendo a criminales y terroristas como Bush, Posada Carriles, Ríos Mont, Pinochet, Videla, Aznar, Berlusconi o Solana. Ni una palabra, ni una condena judicial. Y miles de dólares para comprar las conciencias. Coherencia con el mandato y las enseñanzas de Jesucristo, se le llama a eso.

 

Por ello, porque se hallan inmersos en el puro centro de la intriga, porque saben de las decisiones del FBI y la CIA, son en extremo peligrosos y hay que financiar sus actividades hipnóticas;  se precisa de ellos para que el opio que significa lo que representan, llegue diariamente al plato de los consumidores, ingenuos fieles de buen corazón que esperan que la solución a las guerras e injusticias vengan del cielo. Creyentes que se niegan a enfrentarse a su propia inteligencia.

 

Ya sabemos de nuevo que los tiempos están cambiando hacia muy atrás, hasta situarse en pleno dominio de la sinrazón, la violencia y el pensamiento dominador. La Iglesia puede y debe ser el gran aliado (como siempre) del poder absoluto. Hay que mimarla hasta la saciedad. Hasta la suciedad. Es la decisión de ZP.

 

Los gobiernos del Eje acabaron a Hitler, pero no quisieron derrotar su ideología, manipulando el Mein Kampf hasta modelarlo como texto defensor de la democracia única, imponiéndolo a base de matanzas sin cuento.  Es la gran y vergonzosa victoria de la fuerza bruta sobre la fuerza de la razón, la nueva victoria del nazismo, del superhombre occidental, del supermacho del primer mundo.

 

Y María Teresa Fernández de la Vega, probándose nuevos modelos y hablando de la violencia de género. Con ella no van ni las matanzas de niños bajo las bombas o el asesinato de mujeres palestinas, libanesas o afganas, iraquíes o coreanas. Mirando al tendido, como muchos de los actores que se colocaron el cartelito del “No a la Guerra”, pero esconden ahora la pegatina porque es ZP quien está al frente del gobierno. Ingenuo de mí, que no sabía que la revuelta de los cómicos estaba dirigida desde Ferraz. Y es que lo de Irak ya no interesa. No hay remedio y es mejor tirar la toalla.

 

Pero una buena parte de la sociedad que goza y sufre bajo esa civilización, aunque sometida al bombardeo mediático, sabe que algo huele a podrido en el Eje que forman hoy EEUU y la UE. Aún hay quien sigue enfrentándose al Imperio, porque un aroma fétido se extiende sobre el primer mundo sin un gobierno que eleve la voz contra la peste. Proviene de las cloacas que unen la Casa Blanca con el Vaticano, desde donde, en plena coherencia con la incoherencia, ese delincuente llamado Ratzinger, disfrazado de representante de Jesucristo en la tierra, condena, con la boca pequeña, los ataques bestiales contra pueblos inocentes, pero no exige a los responsables que detengan tamaña locura, sino que tiernamente, abre las fauces y eleva sus preces para que sea el Santo Dios, y no el diablo Bush, quien traiga la paz de nuevo; pero el Sumo Hacedor permanece en un silencio más que sospechoso.

 

Jesús de Nazaret está siendo otra vez crucificado. Y los clavos se hunden en la carne divina bajo los martillazos de Benedicto XVI.

 

La esvástica se ha clavado en la bandera de la Estrella de David, acolada en un mismo escudo junto a la Mitra y las Llaves de San Pedro, rodeada de Barras y Estrellas, con la Union Jack y el Águila Negra.

 

Pero los que permanecemos bajo la bandera de la estrella solitaria sabemos que jamás perderemos el rumbo, el que nos lleva a la concordia, la paz, la salud y la cultura.

   

Amores que matan

Amores que matan

/A propósito de la película "Habana Blues") 

Todo es posible en La Habana, incluso que un afamado director cinematográfico estudie parte de su carrera en la no menos reconocida Escuela de San Antonio de los Baños, y que unos años más tarde declare que su película “Habana Blues”, rodada casi íntegramente en la ciudad de las columnas (Alejo Carpentier, dixit), es su declaración de amor a la villa, un homenaje a la capital de Cuba, que trata de contarnos una historia de rockeros tan patética como nada creíble, excepto para aquellos tuertos voluntarios que opinan que en la mayor de las Antillas sólo existen dos tipos de juventud: la que quiere poner mar de por el medio como sea, y los que se niegan a abandonarlo todo pero, como en el film, estos últimos no tienen oportunidad (el realizador se niega a ello) de explicar las razones que les impulsan a permanecer en su país natal.           

Como afirma un colega del Mincult (Ministerio de Cultura cubano): “Ese tipo hace hablar a los muchachos habaneros como si fueran madrileños o sevillanos”. Ni que decir tiene que él ya había visto la cinta. Zambrano dice que la historia de los dos protagonistas es un drama. Yo lo corroboro. Un verdadero drama.         

Hace unos días, mi estimada amiga Mary, telefoneó para invitarme a disfrutar del filme de Benito (un día hablaremos de su incomprensible desdén hacia el autor de la música, el compositor y cantante X Alfonso), en compañía de unos cuantos jóvenes de la familia, cuyas edades estaban entre los 18 y 25 años. Tras la proyección, que siguieron con mucha curiosidad y gestos de sorpresa en determinadas escenas, los comentarios fueron para todos los gustos; pero hubo una línea común en la mayor parte de quienes allí estábamos: esas imágenes no eran, ni remotamente, un fiel reflejo de la juventud habanera. Y, mal que le pese al realizador sevillano, el lenguaje utilizado, la jerga puesto en boca de los protagonistas, no parece escrito por alguien que conoce las claves de los jóvenes capitalinos, sino de aquel que está pensando en “el público de fuera”, prostituyendo así no sólo el desarrollo de la artera trama, sino hasta la mínima credibilidad que debe tener un diálogo entre muchachos que hacen rock, hip-hop, hardcore, fusion, blues, reggaeton, o lo que sea, que luchan por la fama y viven en esta maravillosa ciudad.          

 Zambrano pisa y resbala en la yema de huevo, sabiendo que a pesar del batacazo artístico (el económico, por supuesto, está salvado por la norteamericana Warner Bros, que es quien anda protegiendo al enamorado), eso no parece quitarle el sueño ante las perspectivas de distribución del filme en las tierras de La Florida, donde hay hambre de historias que “aplasten” cualquier idea en torno a una plácida existencia en la Cuba revolucionaria. El señorito Zambrano (que en 1999 demostró genio y figura en “Solas” y en el 2001 con la televisiva “Padre Coraje”), que ha pasado algún tiempo en las cercanías de La Habana, no ha querido, acaso involuntariamente, hacerle caso al corazón, sino a las voces que, desde la productora, reclamaban una historia “realista” (a la española) sobre un colectivo tan variopinto como numeroso: los jóvenes músicos cubanos residentes en La Habana. Y en el fallido empeño le han salido críticas bastante duras:  Decepcionante quizá la última película de Zambrano, no porque sea mala, sino porque después de Solas se esperaba algo mejor. La película por momentos te aburre, no te engancha y deja de interesarte casi a los 15 minutos. Es cierto que luego, llegando al final se despierta un poco, pero no justifica la hora y cuarto que llevas sentado en la butaca del cine.". (Supercastells, Torrent. España). 

“Algunos de los conflictos son dibujados con excesiva simpleza, aunque la mayoría tienden a estar muy bien resueltos. Sin embargo, los mayores peros de la película se encuentran en la misma base. Los actores, sobre todo el protagonista, son desacertados; la música parece más cercana a operación triunfo que a los barrios de la Habana, y en ningún momento tenemos la sensación de estar aprendiendo nada sobre la maraña musical de la isla”. (Sergio, Zaragoza. España). 

“La película de Zambrano tiene buenos momentos, aunque el epicentro de la misma no sea la batalla que entablan los músicos cubanos para grabar, sino una pretendida denuncia de las multinacionales disqueras, verdaderos vampiros del rock, así como la dicotomía entre el chaval que quiere irse y el que se queda. Patético por simplista. No existe el ritmo y deja de interesar al cuarto de hora de exhibición. Muchos afirmamos que "Solas" era una muy buena película, mas de "Habana Blues" no se acordará mucha gente en el futuro. Sorry Benito, pero La Habana y su gente dan para muchísimo más, brother.” (José Luis, Málaga. España)          

 Zambrano ha hecho una película engañosa, superficial e infantil, para un público desinformado, o mejor dicho, mal informado por las multinacionales “independientes”, para un potencial espectador que pone por delante la previa condena a la sociedad cubana, antes que la curiosidad y el criterio, el rigor y la información objetiva. El buen profesional que es Benito, cayó en las redes de los compradores de conciencia con la misma facilidad con la que un gacetillero español, experto en música, se estrella en el intento cuando quiere “cazar” a un artista antillano, planteándole cuestiones sobre política, y no acerca de sus canciones. Coño, no sé por qué los periodistas españoles casi nunca inquieren sobre temas artísticos a los políticos cubanos. Será, me digo, porque tienen orden de no entrevistarles nunca. Que yo sepa, en treinta y cinco años que he pasado entre cámaras y micrófonos, JAMÁS se ha invitado a un programa, a un debate, a representantes oficiales del gobierno cubano, o a los miles de profesionales que defendemos las conquistas de la Revolución. Y no sólo la originada tras el triunfo de Fidel, sino aquella primera en la que Carlos Manuel de Céspedes, en 1868, se alzó en armas contra el imperio español y su monarquía absolutista. Esa es la famosa “objetividad y rigor informativo” de la mayor parte de los medios de comunicación europeos que, como analizaba hace unos días Ignacio Ramonet (“Le Monde Diplomatique”), están siendo monopolizados peligrosamente por tres o cuatro archimillonarios de la globalización, que compran sin decoro ni recato todo tipo de plataformas de expresión para encadenar la libertad. Y es que el dinero paga bien los silencios.          

En el caso de Zambrano, las anécdotas que plantea el filme “Habana Blues” no pueden sustituir a la realidad de una juventud como la cubana, en la que existen, cómo no, todo tipo de actitudes: la de los que quieren conocer el “paraíso primer mundista” para permanecer en él; la de los curiosos que desean ir pero no quedarse de forma definitiva; la de quienes aunque puedan viajar no están entusiasmados con la idea; la de quienes viajan y siempre vuelven; la de los que huyen, no regresan en unos años pero al cabo de poco tiempo retornan cabizbajos; la de quienes ni siquiera tienen deseos de abandonar su familia y su entorno; la de los que logran, tras ímprobos esfuerzos ante el consulado de España, Italia, Alemania, Francia o Canadá, que les dejen ir a visitar a familiares. Y no es el gobierno cubano quien pone las trabas. Acabemos de una vez con esta falacia.          

Mi película tiene un sólido, real y verdadero argumento: una muchacha cubana logra una beca en una Universidad española. Las autoridades de la isla le otorgan todos los permisos correspondientes. Con el billete y el pasaporte en la mano, el drama de mi protagonista comienza en la flamante embajada española, donde se le exige la presentación de distintos documentos, como un certificado en la que una autoridad u organismo, españoles claro, se responsabilice de su asistencia médica en la península, otro sobre la residencia habitual, otro sobre quién sufraga su alimentación, otro sobre los impuestos fiscales, amén de obligarle a presentar una cuenta corriente en algún banco cubano por valor de 500 cuc (pesos convertibles equivalentes al dólar), etc. Lo mejor (y más increíble) es cuando, una vez cumplidos los engorrosos trámites, el consulado de Juan Carlos de Borbón riza el rizo de los desmanes al plantear: “Y ahora, querida Agnés, sólo te falta una “cosilla” de nada: una cuenta corriente en alguna entidad bancaria española con un saldo de 1.000 euros”. La pobre becada estalló en llanto. El sadismo es juego de niños al lado de lo que se le exigía para seguir su curso en la universidad.          

¿Existe voluntad por parte de las autoridades europeas para recibir ciudadanos cubanos, bajo las mismas condiciones que otros de EEUU o Polonia, por ejemplo?. En absoluto. Esta película, que nunca podré dirigir, es  una pequeña pero durísima muestra del comportamiento “democrático” de los gobiernos de esa falsa comunidad europea, que únicamente es común cuando se trata de expulsar africanos, o de hacer negocios con las penurias de los emigrantes ya existentes. Y en el consulado español de La Habana se han matado sueños, proyectos, ilusiones, encuentros, simplemente porque la CE ha dictado una sentencia: Al cubano, ni agua, a menos que sea anticastrista. Nada de esto se plantea en el filme. Cuando uno de los protagonistas grita: “¡¡Me quiero ir de esta puta isla¡¡”, se conoce que nadie le había informado de lo que le aguardaba en el consulado de cualquiera de las  democracias europeas” existentes en La Habana. Pudiera ser, entonces, que la puta fuera otra, y no la isla, precisamente.         

El filme “Habana Blues” no habla de eso, no cita, ni de lejos, los problemas por los que atraviesa un joven músico cubano si desea ir a España en un simple viaje profesional. No refleja las miles de trampas que le tiende la burrocracia española a la hora de conceder la visa. El filme oculta, manipula y juega con el espectador, bajo la sarcástica afirmación del propio Zambrano: “Mi película es una declaración de amor”. Para colmo, existe un slogan, pretendidamente inteligente, que trata de sintetizar la historia: Vivir es elegir.          

Lo malo es cuando tienes que elegir entre Aznar o Zapatero, Tele-5 o Antena-3, TVE o Canal Plus, Localia o Telemadrid, Canal Sur o ETB. Entonces, lo mejor es huir para seguir viviendo. Hay amores que matan: los del director lebrijano. Hay mentiras que no se soportan: “Habana Blues”, es una de las mas burridas.                                                                                                                                                      

CARLOS TENA 

PD.- El firmante declara solemnemente que este artículo es una declaración de amor y cariño hacia Benito Zambrano

Comunidad de vecinos europeos S.A.

Comunidad de vecinos europeos S.A.

A estas alturas del partido son muchos los ingenuos que aún creen que la democracia existe en el primer mundo. Sin duda alguna más del 50%, que es la cifra habitual de participación en las consultas en que la población ha tenido a bien ejercitar su derecho al voto. Pero esos millones de ciudadanos parece que aún no han caído en la cuenta de que en un referéndum  (sobre todo en España), el presidente y sus ministros NO se vinculan al resultado, cualquiera que este fuese (OTAN, Europa, etc.). Ergo, la voluntad popular queda violentada por decisión partidista. Curiosa interpretación de la democracia.
Por eso, de vez en cuando, el ejecutivo entretiene al personal, cada equis años, para que juegue a introducir un papelito en las urnas, y  elija un buen o pésimo jefe de gobierno, alcalde,  presidente de una comunidad o de lo que le venga en gana al que mande, ya fuera en la universidad, en un colegio de Médicos o un sindicato. En Comisiones Obreras, por ejemplo, ya saben lo que es tener que soportar a un secretario mentiroso, que nunca se consideró a sí mismo como trabajador (Antonio Gutiérrez, aquel que jurara “no entraré jamás en política”, que hoy milita y gana un buen dinero en el PSOE), y luego a un peculiar doctor, al que incluso le divierte castrar las pocas conquistas laborales obtenidas desde 1979 (José María Fidalgo, más cerca de la gran patronal que el propio José María Aznar). El secreto es que, antes de que el ciudadano ejercite el voto en las urnas, un grupo reducido de demócratas a lo Francisco Franco ya ha elegido los candidatos que le da la real gana.

Es una buena muestra de lo que suele acontecer en esos colectivos llamados partidos políticos, por cuya existencia pelearon miles de hombres y mujeres durante los turbios tiempos de la dictadura, pero cuyas mentiras, traiciones y claudicaciones varias, a lo largo de sus más de 25 años de existencia, han sido tan abominables y repugnantes, que en el  2006 se puede afirmar que, además de que la militancia haya descendido en más del 50 por ciento, la confianza de la sociedad en ellos no ha hecho otra cosa que ir hacia abajo con la misma velocidad con que suben los precios. Las causas pueden ser muchas, pero la más espectacular, aunque bien disimulada (sobre todo por los medios de comunicación, salvo excepciones de todos conocidas, que siguen siendo cerrados, perseguidos y multados) es que lo político se ha entregado en bandeja de plata a cientos de empresarios, entre los que destacan, cómo no, los Cuatro Banqueros Jineteros del Apocalipsis.

Las leyes que se han dictado en el Parlamento español a lo largo de este ensayo para la democracia, han ido beneficiando inexorablemente a quienes invierten dinero (desde fuera y dentro) para obtener el máximo beneficio con el mínimo esfuerzo, así como atropellar todo atisbo de participación ciudadana contraria a sus manejos y tropelías. Los derechos del trabajador han sido cercenados de forma paulatina, pero constante; las pensiones reducidas lentamente, pero con firmeza; los beneficios fiscales de los poderosos han aumentado en millones de euros, y las amnistías que Hacienda dicta, en connivencia con Justicia, son tan escandalosas como descaradas, ya que siempre afectan a grandes apellidos, a familiar enriquecidas durante y tras el franquismo. No hay excepciones, aunque existan algunos ladrones de guante blanco encarcelados, que no están allí sólo por haber sido descubiertos in fraganti, sino porque se negaron a repartir el botín, el inmenso Botín, con aquellos que les habían encumbrado al poder económico.

¿Qué puede decir el ciudadano Juan Carlos de Borbón, sobre su profunda amistad con delincuentes como los Albertos, Prado y Colón de Carvajal, de la Rosa, y otros? ¿Qué tiene que argumentar el ciudadano Borbón, acerca de la denuncia, no admitida a trámite, contra su excelsa persona, por apropiación indebida, que el ciudadano Jaume D’ Urgell tuvo a bien presentar en los Juzgados de Madrid, aunque aquél, según la Constitución, no puede ser imputado por ningún delito? Entonces, ¿cómo se puede ser Rey de un país, afirmar que defiende la democracia y la igualdad, sabiéndose libre para delinquir cuando le venga en gana, sin que la Justicia pueda actuar en su contra? Pero qué mas da, si aunque no disfrutara de esa prebenda, sería en extremo impensable que nadie, excepto insólitos ciudadanos como D’Urgell, se disponga a utilizar la vía judicial, sabiendo que la esperanza en un tribunal justo e imparcial es la misma que tienen los únicos presos políticos que existen en Cuba, es decir, los que se pudren día a día en la ilegal base yanqui de Guantánamo, con la complicidad de todo ese primer mundo, tan demócrata; ése que calla vergonzantemente, ésa Comunidad de Vecinos Europeos, Sociedad Anónima.

Hoy da lo mismo decir España S.A., que Polonia Sociedad Limitada, porque tras la caída del muro de Berlín no existen las naciones. Los ladrillos que formaban aquella barrera se han utilizado, multiplicados por mil, en las que hoy se levantan en las fronteras de USA con México, o en las del Reich Sionista que gobierna Israel, donde estoy seguro existen miles de judíos de buen corazón, intelectuales, profesionales y políticos, abominan de la Ley del Talión. El gobierno israelí, con el apoyo yanqui, además de la venia y sonrisa europea, ya no cumplen a rajatabla aquello de ojo por ojo, sino que en su miserable interpretación del Talmud, leen: soldado raptado, pueblo arrasado.

¿Por qué ese otro muro de silencio, ante las insultantes murallas que hoy levantan los dueños del oro y el petróleo? No cabe más ingenuidad, o mayor hipocresía, si es que se mira a otro lado al oír la pregunta. La respuesta es obvia: no existen cuestiones políticas, sino económicas, y éstas las dictan los amos del mundo, los multimillonarios que, lógicamente, no gustan de regímenes donde el socialismo es auténtico, sino de gobiernos leales a la economía de mercado, al neoliberalismo salvaje, a la renuncia constante del principio de libertad, igualdad y fraternidad.

No creo en esa Europa democrática, porque no ha hecho otra cosa que demostrar su salvajismo en los momentos en los que había que demostrar que debe ser el pueblo quien ordene, y no los mercaderes. Y hace pocos años, el pueblo ordenó, de forma alta y clara:
DETENGAN LA GUERRA.

No creo en esa Europa comunitaria, porque es, insisto, una Europa S.A., una multinacional que no es un conjunto de países, de pueblos unidos en un esfuerzo común por la paz y la concordia, sino un entramado de supermercados donde la policía y el ejército actúan al servicio de los banqueros, donde los políticos son sobornados indefectiblemente para seguir permitiendo que mueran los inocentes, donde los diputados se mezclan alegremente con el empresariado, mientras las bombas destrozan a los pueblos empobrecidos.

No creo en ese viejo continente que ha abandonado todos los conceptos por los que luchó en la II Guerra Mundial. Y el más traicionado fue el de derrotar al nazismo. Millones de seres, desde Nueva York a Moscú, entregaron su vida por la democracia, la libertad y la coexistencia pacífica. Pero llegaron los mercaderes y descubrieron que Hitler no era tan satánico porque, ante todo, fue anticomunista.

Por eso afirmo que Hitler no ha muerto: reside cómodamente en EEUU, duerme en Europa, come y asesina en Oriente Medio, pero le estamos jodiendo, y muy bien, en América Latina.

Que quede bien clarito que aquí, en Cuba, desde el 1º de Enero de 1.959, el pueblo comenzó a ordenar. Y esa voz ya se ha impuesto en Venezuela y Bolivia. Es el clamor de quienes piden la paz, de aquellos que están en contra del alarido de los mercaderes que exigen más sangre.

Carta a los amigos de Cuba

Carta a los amigos de Cuba

Queridos compañeros:


Al objeto de compensar la desinformación, manipulación y rumorología de todo tipo que impera en la llamada "prensa libre", paso con estas breves líneas, a narrar la verdadera situación en la isla, tras la operación que ha sufrido el Jefe del Estado cubano, Fidel Castro Ruz,
A grandes rasgos, el común denominador en Cuba es la tranquilidad, la serenidad, amén de una cierta y logica preocupacion sobre la salud del líder de la Revolución, que desgraciadamente hoy está quebrantada, como lo fue tras la lipotimia que sufrio en el 2001 en el barrio habanero del Cotorro, el posterior accidente en Villa Clara que le supuso varias fracturas, y ahora esto. Pero el ciudadano cubano, aunque sabe que Fidel no volverá a ser el mismo de hace diez años, conoce tambien que los mecanismos de la Constitucion han funcionado perfectamente. Que su Revolucion (la nuestra) permanecerá como ejemplo a seguir en el continente latinoamericano.

La TV, la radio y la prensa han informado con prontitud, transparencia y sin las habituales repeticiones de los medios occidentales cuando un mandatario sufre tan importante operación quirúrgica, que el propio Fidel, por medio de otro mensaje lanzado hoy a su pueblo, definía como "secreto de estado", pidiendo comprensión por esa medida, diseñada para que los halcones mafiosos de Miami y los medios de propaganda yanqui no se aprovechen de la situación. El Comandante afirmó, en el comunicado que se dio a conocer en la Mesa Redonda de hoy, que se recupera lentamente y que precisará de muchas semanas (se dice que un minimo de tres meses) para comenzar a hacer una vida mas activa.
 
Por cierto que en el programa de la TV cubana se emitieron ltambién imágenes de los fastos y juergas varias que protagonizaron algunos miembros de la gusanera de Miami, incluyendo entrevistas en las que llegaban a decir que "rezaban por la muerte de Fidel", lo que provocó el rechazo inmediato de las personas que veian el espacio, asi como la indignación de la audiencia. La catadura moral de esos cubanos pro-Bush, ha quedado al descubierto, aunque bien es cierto que se ha recalcado que el número de asistentes al jolgorio miamense es ridiculo comparado con los 700.000 habitantes de origen cubano que residen en Florida. Y, por fortuna, miles de ellos no practican el odio como método para arreglar el mundo.

Los medicos guardan un absoluto mutismo sobre la naturaleza de la intervención, ya que es el propio afectado quien traslada lo que los doctores le dicen, pero, insisto, el ambiente en los centros de trabajo, en las calles, es de absoluta serenidad. A ello contribuye la normalidad en la programacion de TV, que sigue con su ciclo veraniego de peliculas, novelas, concursos, música, etc. No ha habido ningun aumento de policías en la calle, ni se nota nada fuera de lo normal. El estado de salud del lider no ha alterado la cotidianedad en la vida ciudanana (excepto en los primeros minutos tras la lectura del primer comunicado, donde hubo un lógico nerviosismo) y la tranquilidad de los habitantes de la isla es, repito, sorprendentemente absoluta. Los mercados siguen abiertos, sin aglomeraciones de ningún tipo, las tiendas continuan atendiendo a sus clientes, las discotecas estan abiertas, los turistas pasean tranquilamente y se sorprenden de ese ambiente de paz y sosiego. 

El cubano ha comprobado que la Revolución sigue adelante, se sabe protegido por Raúl Castro, su nuevo Comandante en Jefe, por sus ministros y miembros del partido y por las Fuerzas Armadas. Un detalle simpatico es que los creyentes rezan por su lider y confiesan que Dios le va a dar a Fidel veinte años mas de vida.

En resumen, no habrá muchos más comunicados oficiales sobre la salud de Fidel, que segun él mismo se recupera muy lentamente;  los mecanismos y organismos del estado han funcionado de manera coordinada y perfecta, y la poblacion, aunque preocupada, continua su vida habitual, marcada en Agosto, como es natural, por las vacaciones, la playa, el sol, el mar y la relajación.

Desde La Habana, un abrazo a todos los amigos de ese mundo mejor, que es más que posible.

Carlos Tena