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CANCIONES CONTRA EL FASCISMO

CANCIONES CONTRA EL FASCISMO

He tenido la fortuna de estar de nuevo junto a algunos de ellos. Hombres (la mayor parte) y mujeres que dejaron algunos meses de su juventud en los campos y trincheras de la España en guerra, aquella que combatió contra la incultura, la vesania, la hipocresía, la venganza, la mala leche de un maldito general llamado Franco.  Hombres y mujeres que pusieron su vida al servicio de la legalidad republicana, de la causa de la democracia y la libertad. Venidos de países tan diferentes como Estados Unidos de Norteamérica, de Cuba, Argentina, Canadá, Francia, Alemania, Chile, Italia, Rusia, ilusionados por derrotar a la emergente larva totalitaria que significaba la revuelta del fan número 1 de Adolfo Hitler. 

 Los mil veces heroicos Brigadistas Internacionales volvieron de nuevo a los campos y trincheras, cerca de Madrid, en Morata de Tajuña, donde el sábado pasado, día 8 de Octubre, se levantó en su honor un monumento obra del artista canario Martín Chirino, ante la emoción y ternura de más de cuatrocientas personas que corearon vivas a la República, a la libertad, al internacionalismo, como hace cinco año en el Teatro Monumental de Madrid, entre canciones y aplausos por su entrega y su generosidad demostradas en mil frentes de batalla.             

 Su rostro, embellecido por el paso del tiempo, su mirada aún brillante, su voz firme en inglés, español, alemán, francés o italiano, volvieron a decorar el paisaje agreste y rocoso de las cercanías madrileñas, volvieron a vibrar en las conversaciones con los amigos y familiares de tantos héroes anónimos. Y cantaron. Los acordes de las canciones unieron de nuevo ese espíritu antifascista tan necesario en el siglo XXI, cuando la tortura democrática, la guerra ilegal, las violaciones al derecho internacional se han consagrado desde la Casa Blanca como jamás Franco, Mussolini y Hitler pudieron soñar. La ley de la fuerza bruta se ha enseñoreado del globo, santificada por la democracia que condenaba al III Reich, bendecida por el Papa, por la Europa Comunitaria, por varios de los países que formaron el bloque soviético, por Japón, Australia, Méjico y Colombia, Perú y otros del continente latinoamericano.            

De ahí que hoy se haga más necesario que nunca regresar a las canciones por la libertad, a las llamadas musicales por la esperanza en un mundo más justo, a los juglares que claman por la paz y la concordia. Deja por unos meses los éxitos del Hit Parade, los discos millonarios, los artistas consagrados por las televisiones. Abandona por unas semanas la rabiosa actualidad musical y recopila los cientos de temas que aún tienen vigencia, que rascan las tripas y animan a luchar contra los bastardos criminales, contra los terroristas vestidos de Armani, Cardin y Benetton.

Para ti, esta receta compuesta por horas de rebeldía en papel pautado, esta larga lista de canciones contra la dictadura del mediocre sangriento, de los cientos de francos, pinochets, videlas, blairs, aznares, borbones, bushes, berlusconis y foxes del globo. Y de todos sus seguidores y aliados.  Cánticos necesarios, música para sobrevivir en un mundo castigado hasta límites increíbles. Colócalas en tu reproductor, sea de vinilo, CD, MP-3 o cualquier otra fórmula para escucharlas. Son miles, pero no suelen sonar en la radio. Son miles, pero las olvidamos fácilmente.

Este es un tiempo idóneo para meternos una buena dosis de ellas, para que no se nos vaya la rabia y el coraje, para que sigamos saliendo a la calle a reclamar todo aquello que se nos está robando hora tras hora. En honor de esos Brigadistas, por su formidable ejemplo, debemos tener presente canciones como estas: 

 La poesía es un Arma Cargada de Futuro, La Adelita,  Joe Hill, ¡ A las barricadas ! Bandiera Rossa, Le Deserteur, Bella Ciao, La Cucaracha, Los Cuatro Generales, Vientos del Pueblo, Nanas de la Cebolla, Blowin in The Wind, Masters of War, Viva La 5ª Brigada, Jarama Valley, On vas, Eusko Gudariak, La Internacional, La Marsellesa, La Bayamesa, El Paso del Ebro, Fischia il Vento, Le Chant des Ouvriers, Venceremos, La Muralla, Grandola Vila Morena, We Shall Not Be Moved, I Don`t Want to Be a Soldier, Abasso Nixon, Abraham Martin and John, A Boy Named Bush, General, Abril 74,  A Change is Gonna Come,  We gotta get Out of This Place, War is Over, War Song, Bagdad Chaos, Ballade Von Den Verdobenen Greisen, Volonteers, A Salvador Allende en su combate por la vida, Llegó con tres heridas, Els Jorn dels Miserables, Al vent, El mayor, La Guerra Di Piero, Where All The Flowers Gone, Solo le pido a Dios, Imagine, Plegaria Por Victor Jara, Campanadas a Mort, Sunday Bloody Sunday, Planeta Skoria, Non Sparare, D’Georges Bouch, Constitution Blues, Soldier Blue, Universal Soldier, Bandiera Nera, La Memoria, Mosh, Orange Crush, Siguen las Guerras, Dans La Jungle, Santiago, Spiro Agnew, All You Fascists, American Idiot, Así como hoy matan negros, Attica State, Washington Bullets, Vietnam, El Pueblo Blanco, United Snakes Of America, Travellin` Soldier, Tutti Pazzi, This Is Radio Clash, The War Is Over, Aguirre Der Zorn Gottes, Alice’s Restaurant, Auschwitz, Ballata del Piccolo An, Biko, Too Young To Die, Tio Sam, Singin` in Vietnam Talking Blues, Los Cuentos, A desalambrar, Diguem No, A Margalida, Al Alba, Ay Carmela, Sacco E Vanzetti, Globalizatione capitalística, La Larga Espera, Sarri Sarri, Otra Fuerza, A-Bomb in Wardour Street" , Enough is Enough, If You Tolerate This Your Children Will Be Next, Nazi Punks Fuck Off, Nazis Shouldn't Drive, This Machine Kills Fascists,  War Movie,  Youth Against Fascism, Californication, Natwest-Barclays-Midlands-Lloyds, Reino de Todavía, America Latina ¡¡Libre!!, Anarchy in the U.K., Cambalache, España Va Bien, Give Ireland Back to the Irish, God Save the Queen, Old Mother Reagan Protest Song, Revolution, Gallo Rojo Gallo Negro, La Mala Reputación… y así hasta una larguísima relación que no debe detenerse mientras los criminales se dan la mano alegremente.   

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ANIMALES CANOROS: JAVIER KRAHE

ANIMALES CANOROS: JAVIER KRAHE

De pequeño, Javier Krahe se dedicaba a pastorear versos por la casa, pero un día, al entrar en una iglesia para dar gracias al Señor, se le escapó una mano, que yendo directamente al cepillo, se llevó los óbolos que algunos fieles habían dejado para el culto de San Cucufato. Un sacerdote, al ver el sacrílego atraco a mano desarmada, le leyó la cartilla en forma tal que, desde entonces, viene siendo un muchacho anticlerical, algo rapaz, mujeriego, bebedor y mefistofélico.

Cuando aún era barbilampiño, en cierta ocasión, durante una visita a la capilla de Saint Georges Brassens, escuchó: “Je vivais a l’écart de la place publique, serein, contemplatif, ténebreux, bucolique…, refusant d’acquitter la rançon de la gloire, sur mon brin de laurier je dormais comme un loir”* (ver Nota al pie) y, aunque no entendió nada, decide seguir los pasos del Creador, utilizando en principio las oraciones que el venerable galo había escrito, para posteriormente ingresar en la capilla de la Mandrágora, donde sorprendería a los fieles con unos textos directos, iconoclastas y escandalosos que le suponen el destierro. Una monja canadiense sirvió al mozalbete para iniciarse en el escapismo y en el noble arte del francés. Su sueño de convertirse en apóstol de una nueva religión (el egotismo filantrópico-introspectivo), encuentra el parabién de los feligreses, que acuden a escuchar sus sermones sin abandonar una sonrisa perenne, y en los que afirmaba que la violencia debe ser verbal, únicamente. Más tarde en su sempiterna huida hacia el horizonte, donde se refugia de las preguntas que lanzan los fieles (como si él fuera Brian el de Monthe Pyton), medita nuevas estrategias para desprenderse del menor compromiso con los de su raza. Una tarde, se acercó a un anciano andaluz que pescaba boquerones a puñetazos y le preguntó qué debería hacer para que la gente no le diera mucho el coñazo. El anciano le respondió: "Lo más seguro seria irse de religioso a un monasterio". Y él se fue al de Zahara de los Atunes. Allí se estaba preparando para ingresar en una casa de discos, pedía mucho a Dios que le iluminara y tuvo un sueño: vio que empezaba a edificar una mansión en forma de vinilo, mientras una voz le recomendaba: "Cantar más, cantar mejor". Y al fin oyó otra voz que decía: "Sólo cuando seas lo suficientemente humilde comenzarás a ser humano".

A los 30 años entro en la iglesia CBS y como era muy difícil conseguir libros para rezar (y eso que sabía muy bien venderlos), se aprendió de memoria las oraciones de un hermano al que cantaba con fervor inusual.

Se le considera el inventor del cilicio vitriólico, o sea de una melodía hiriente que algunos intelectuales se amarran en la cintura para hacer penitencia. Se convierte así en el máximo representante de un colectivo que se agrupa bajo el slogan de “Haz el amor y no la guerra”. Ese pacifismo, que el buen Dios proclamo en su venida mortal a la tierra, le sirve para quitarse las cadenas que aún le ataban a cierta tendencia a la solidaridad universal. Lo particular y propio será su epicentro inamovible. Inventa el hippismo, veinte años después de que lo estrenaran en California, pero él lo ignoraba.

Se fue a vivir a un apartamento y después de estar allí cinco días en oración se le ocurrió la idea de pasar los 40 días sin comer ni beber. Tenía que ensayar ese tipo de estrategias vitales, ya que había decidido ser cantautor. Le consultó a un anciano y éste le dijo: "Para morirse de hambre hay que pasar 55 días sin probar bocado. Puedes hacer el ensayo, pero para no poner en demasiado peligro la vida, dejaré allí cerca de usted diez kilos de boquerones y una jarra de cerveza, y si ve que va desfallecer, come y bebe." Así se hizo. Los primeros 14 días cantó de pie. Los siguientes 14 cantó sentado. Los últimos días de la cuaresma era tanta su debilidad que tenía que recitar acostado en el suelo. El anciano al verle en tan lamentable estado lo llevó a un hospital de donde salió un poco más lustroso. Por eso sigue tan enjuto y quijotesco, pero ya sabe que no morirá de inanición, y menos aún de sed. Conocida su bondad y palabra certera, logró que llegaran hasta él vecinos de muchas ciudades y aun de países lejanos, para aplaudirle, pedirle consejo matrimonial, sexual o político, pero sólo consentía que fueran mujeres quienes tocaran su cuerpo para recibir su gracia y bendición apostólica.

Entonces, para evitar que tanta gente viniera a distraerlo en su vida de profeta y cantante, se ideó un modo de vivir totalmente nuevo y raro: se hizo construir una columna de tres metros para vivir allí al sol, al agua, y al viento. Después mandó hacer una columna de 7 metros, y más tarde, como la gente todavía trataba de subirse hasta allá, hizo levantar una columna de 17 metros, y allí pasaba la vida. No comía sino una vez por semana. La mayor parte del día y la noche se dedicaba a escribir o tocar cítara.

Para que nadie vaya a creer que estoy narrando cuentos inventados o leyendas, recordamos que la vida de San Javier Krahe la predijo Teodoreto, quien era monje y fue luego Obispo de Chamberí, ciudad cercana al sitio de los hechos. Un siglo más tarde, un famoso abogado llamado Evagrio escribió también la historia de este santo varón, y dice que las personas que fueron testigos de la vida del barbado bardo afirmaban que todo lo que cuenta Teodoreto es cierto. Solia cantar trescientas veces al año e intentaba corregir las malas costumbres. Y entre recital y recital oraba por ellos y resolvía pleitos entre los que estaban peleados, para amistarlos otra vez. A muchos ricos los convencía para que le pagaran un poco de bebida de cebada o mitigaran sus deudas.

Convirtió a miles de paganos. Un famoso asesino, al oírlo cantar “Cuervo Ingenuo”, empezó a pedir perdón a Dios a gritos y llorando, pero luego se supo que era un redomado mentiroso y un gran actor.

Algunos lo insultaban para probar su paciencia y nunca respondió a los insultos ni demostró disgusto por ellos. Incluso cuando se le hizo un sonoro homenaje, no mostró su furia ni enojo a pesar del catastrófico resultado artístico. Se sabe que jamás actuará en la Cuba de Fidel, aunque tiene más dignidad que algunas senadoras y diputados del PP, pero tanto interés por los fenómenos políticos como el que demuestra un esquimal ante el pacto antiterrorista.

Con ocasión del lanzamiento de un disco-homenaje a su figura y obra, en el que participaron colegas que dicen ser sus amigos y admiradores, éste que firma criticó ácidamente la producción, en la que sobraban todas las versiones menos la buena intención. Y lo hice en décimas o espinelas, que es una de las formas más cubanas de mostrar repelús o cariño. Decían así:

Tú pensabas que ese verbo
que te sirve de tonel,
te salvaría de aquel
que se cabreó con tu cuervo.
Te protegía el acervo
con el que vistes y escribes,
pero aunque no me lo pides
recuerdo que tu equipaje
carecía de homenajes.
Te cantan. Eso es que vives.

Eres ingenuo también,
a pesar de tus sesenta.
Ya habrás caído en la cuenta:
¡qué cerca está el terraplén¡
Pero al ser hombre de bien
aceptaste ese cedé.
Ni el PSOE, ni aquel PCE
se atrevieron con tus rimas,
y ese homenaje, da grima.
Lo siento, mi buen Javier.

La muerte le trae al pairo, por lo que sale a la mar sin vela ni timón, dispuesto a probar el sabor del naufragio. En el fondo es como Robinson Crusoe, pero con la vista puesta en el agua… por si una sirena se despista, encalla y cae en sus brazos.


*Nota: “Yo vivía en la esquina de la plaza mayor, tranquilo, contemplativo, tenebroso y bucólico… Rechazando pagar el precio de la gloria, dormía como un lirón sobre mi rama de laurel”. (Les Trompettes de la renommée, de Georges Brassens).


 

BUSH ADAPTA A NICOLÁS GUILLÉN

BUSH ADAPTA A NICOLÁS GUILLÉN

Gracias a las labores de espionaje desarrolladas en Washington por mis servicios secretos, he conocido una de las aberraciones culturales más descaradas de los últimos años, diseñada por el primer mandatario yanqui. Se trata de la adulteración de un célebre poema del escritor cubano Nicolás Guillén.He aquí la versión norteamericana de “La Muralla”, que Georges W. Bush ha ordenado se enseñe en las escuelas de habla hispana a lo largo del territorio de los EEUU, so pena de paliza inmediata al alumno que no la recite de esta forma o que utilice la música del grupo chileno Quilapayún, que ha sido sustituido por otra del conjunto de Miami ¡Quien-Habla-Púm¡, célebre mundialmente por asesinar durante sus conciertos a ciudadanos árabes, o latinos sin papeles. Al cantar el estribillo, el batería deja las baquetas y dispara con dos pistolas al público, mientras el resto de los miembros efectúa vocalmente la onomatopeya de los balazos, “¡Púm, púm¡, entre el entusiasmo de los managers, José María Aznar y Tony Blair. 

LA MURALLA 

 (versión de GEORGES W. BUSH)  

Para hacer esta muralla,

tráiganme todas las manos:

los negros con Condolezza,

los blancos sus grandes Bancos 

Una muralla que vaya

desde Boston a Río Grande,

desde Israel hasta Alaska

allá sobre el horizonte. 

- ¡Pum pum!- ¿Quién es?

- La democracia, señores ...

- ¡Cierra la muralla! 

-  ¡Pum pum!- ¿Quién es?

- Las bombas del coronel ...

- ¡Abre la muralla! -

-¡Pum pum!- ¿Quién es?

- La libertad y el desarme ...

- ¡Cierra la muralla!  

- ¡Pum pum!- ¿Quién es?

El alacrán y el ciempiés ...

¡Abre la muralla¡ 

Al bolsillo del banquero,

¡ Abre la muralla¡;

al veneno y al napalm,

¡ abre la muralla ¡;

al amor y a la cordura,

¡cierra la muralla¡;

al diente de la serpiente,

¡abre la muralla¡;

a la muerte y el terror,

¡abre la muralla¡ ...  

Alcemos una muralla

juntando todos los Bancos;l

os negros, con Condolezza,

los blancos, sus grandes Bancos. 

Una muralla que vaya

desde Boston a Río Grande,

desde Israel hasta Alaska

allá sobre el horizonte.  

25 AÑOS SIN BRASSENS

25 AÑOS SIN BRASSENS

"Mi naturaleza es reacia a todo tipo de exhibiciones; sufro de una modestia casi enfermiza. No puedo enseñar los órganos procreadores a nadie, exceptuando a mis mujeres y mis doctores"   (“Les Trompettes de la Renommée”) 

Georges Brassens (1921-1981) es tan popular en Francia como los Beatles en Inglaterra. La gente va silbando o cantando sus canciones por la calle, temas que pasan de una a otra generación. Palabras agridulces que le valieron el Gran Premio de Poesía de la Academia francesa; versos irreverentes, originales, armoniosos, bellísimos, duros como la piedra, pero que llegaron a ser tan populares como las canciones infantiles; poemas a los que pondría música con el paso del tiempo.  

Se le conocía familiarmente como el Buen Señor (Le Bon Maître) o Georges el Simplón (Tonton Georges).  Jamás estuvo interesado por dar un concierto fuera de su país hasta que, en 1973, por invitación de su amigo, el británico Colin Evans, fue hasta el País de Gales para dar un único y memorable recital en el Teatro Sherman de Cardiff. La BBC filmó el acto. TVE no hubiera hecho nada al respecto de haber tenido la oportunidad, ni siquiera con ocasión de la muerte del genial autor, al que dificultosamente pude dedicar un programa en la 2, a los pocos meses de su desaparición. Y me llovieron las críticas por ello. ¿Quién era ese Brassens, para ocupar cincuenta minutos en la Segunda Cadena?. La Televisión Española y de las JONS siempre tuvo de pública lo que Aznar de demócrata. Hoy, RTVE es ya un organismo engullido por empresarios de variado plumaje, mientras va desapareciendo cualquier vestigio de servicio al ciudadano, excepto si pensamos en las necesidades fisiológicas. Sin embargo, el poeta galo aún es un referente en la canción popular francesa de todos los tiempos. 

Quienes tuvieron la fortuna de conocer el Paris de los años sesenta y setenta, sabemos que en el teatro Bobino, en el barrio de Montparnasse, todas las tardes, durante los tres meses de invierno, solía anunciarse la visita de Georges. Era una sala con capacidad para casi mil quinientas personas que se llenaba sin problema, aunque en la calle había tortas por adquirir una entrada y las colas fueran de órdago. Cuando Brassens aparecía en aquel escenario, decorado sobriamente con una silla de madera y tres micrófonos (voz, guitarra y, en ocasiones, contrabajo y/o violonchelo), el silencio se interrumpía con una cariñosa ovación, breve pero de una intensidad emocionante. Un solo cañón de luz iluminaba al cantante que, con un pie sobre la silla, iniciaba el concierto con un primer tema que nunca era el mismo en cada actuación.  

A partir de ese instante, el local era todo interés, cariño, mimo y respeto hacia un personaje único, que lograba con una voz profunda y suave, con perfecta dicción, llevarnos a un paraíso de novelas cortas en las que conocíamos a Jeanne, a cuatro bachilleres, al juez que fue violado por un gorila, a los enamorados que se besaban en los bancos del parque, para confesarnos (vía Louis Aragon) que no hay amores dichosos o elevar una súplica para ser enterrado en la playa de Sête, tener el honor de hacer una No Petición de Matrimonio y mostrar una alegría desbordante al saber que “tengo una cita con usted”.  

Georges Brassens es el mejor de los poetas-cantantes que han existido, el más preclaro de los cantantes que han creado poemas propios para ser cantados. Un caso insólito, perteneciente a esa órbita en la que giraban Jacques Brel o Leo Ferré, Jean Ferrat y Charles Trenet, pero que, al contrario del primero de los nombrados, jamás fue promocionado en España, territorio comanche en el que todavía sigue vigente aquello que le preguntaba un sargento del ejército franquista al joven soldado y futuro escritor Juan Benet, cuando este hacía el servicio militar: 

 - Cuando ves a un francés ¿no te entra mucha rabia?... Pues eso es ser patriota – decía la mala bestia vestida de uniforme. 

Es una verdadera pena el “desafrancesamiento” paulatino, pero constante, que la intelectualidad españolista fue sembrando desde que Felipe González (que venía de ser coronado como Secretario General del PSOE en una ciudad francesa, como es Suresnes) decidiera caminar por la senda de los Estados Unidos de Norteamérica, traicionando la hospitalidad y la cultura gala, porque así se lo aconsejaron ilustres demócratas como Javier Solana, experto en armas químicas, daños colaterales (o sea genocidios) y mentiras piramidales. Y es que el sevillano intuyó que, algún día, podría ser de mayor utilidad para sus fines de idiotización colectiva, una canción como “Rasputin” que algo tan intelectual y complicado como “La Mauvaise Reputation”. Espero que en Portugal no se haya desarrollado una actitud similar hacia los españoles, pero lo mereceríamos.  

Las canciones de Brassens eran (son) verdaderos ejercicios poéticos de ingenio, ternura y dominio de la lengua vernácula, resultado de muchos años de trabajo arduo, al que había que añadir, ulteriormente, el problema de la música. De la métrica y el ritmo. Pero a Georges le protegía su inmensa cultura, su conocimiento adquirido en la lectura y disfrute de Villon, Valery, Rimbaud, Baudelaire o el ya citado Aragon. Todo ello y la utilización habitual de modismos y frases de extracción popular, que contrastaban con el academicismo de algunos textos, hicieron de él un verdadero creador, inimitable, independiente y siempre cáustico.  

De Brassens emana una valiente integridad, tan extraña hoy a los intelectuales “de pensamiento blando” (Marías, Montero, Albiac, Bueno, Cebrián, Pradera) como el compromiso con la verdadera democracia. De su obra brotan conceptos que se hacen casi tangibles, como el amor, la amistad, la vejez, la muerte, la traición, la esperanza, el honor, el valor, que se esparcen en medio de un paisaje donde florece el sentido del humor, el sarcasmo o la ironía, sin un ápice de tolerancia para la sensiblería o la hiperdramatización de los sentimientos, que habitan en personajes de ficción, pero tan bien dibujados que parecen reales. Poesía verdadera. Verdadera poesía.


Hace 25 años que murió, discreta y dolorosamente, el poeta cantor. Tenía sesenta. He lamentado que mis bodas de plata con su muerte no puedan tener como escenario la mediterránea playa de Sête, donde se halla enterrado. Y desde La Habana, mientras en mi casa suenan sus canciones,  recuerdo las palabras que le dedicara  Gabriel García Márquez: 

Hace algunos años, en el transcurso de una discusión literaria, alguien me preguntó quien era, en mi opinión, el mejor poeta contemporáneo de Francia. Sin dudarlo un segundo, respondí: Georges Brassens.”              

AZNAR, PREMIO NÓBEL DE LA GUERRA

AZNAR, PREMIO NÓBEL DE LA GUERRA

No tengo la menor duda sobre la capacidad de José María Aznar, para sorprender a propios y extraños con sus frases repletas de ingenio y bonhomía castellana. No albergo ningún recelo, la mínima sospecha, acerca de las buenas intenciones del ex presidente español hacia su familia más cercana. Ítem más: desde hace años, viene demostrando una capacidad de análisis político internacional del calibre de Blas Piñar o de cualquiera de los más reputados expertos en la materia. Su profunda amistad con Bush y Blair, acrecentó las posibilidades reales del vallisoletano, que ha ido perfeccionando su estilo y rigor intelectual bebiendo de las fuentes más ilustres: Condolezza Rice, Donald Rumnsfeld (hoy, al parecer, prometido con la periodista española Maruja Torres), Pío Moa, Gustavo Bueno, Miguel Cancio y Gabriel Albiac.
 
Si sometemos la actividad profesional de José María a un somero estudio, habremos de reconocer que hizo todo cuanto pudo por implantar una democracia más eficaz aún que la de su admirado Francisco Franco. Lamentablemente (para los él y los suyos) no pudo realizar el sueño pinochetista que albergaba, y se dedicó entonces a remedar los sacrificios que la mística y heroica estudiante norteamericana Mónica Levinsky ofreció al entonces premier Clinton, cambiando al personaje por el todavía hoy mandatario yanqui George Doble Ve. La succión tuvo sus efectos inmediatos y Aznar comenzó a mejorar su discurso, abandonando la consulta del logopeda que trataba, para llegar en breves semanas a hilar algunas frases de forma brillante, contestando racionalmente a dos de los periodistas que le entrevistaban en sus postreros días como jefe del ejecutivo, y en fin, avanzando notablemente en léxico, tos y enología.
 
Una de sus más recientes y lapidarias expresiones ha sido: “Los árabes, que yo sepa, nunca pidieron disculpas por haber invadido España”. Analicemos el aserto. La humildad más plausible es el común denominador de la frase, ya que, entre comas, reconoce aquello de “... que yo sepa,”, dejando bien a las claras un exquisito respeto por el principio de incertidumbre sobre su capacidad neuronal o de conocimiento. Tamaña sinceridad no logra otro efecto que un considerable aumento en la admiración que profeso hacia el personaje en cuestión.
 
Es cierto, e históricamente riguroso, que ni siquiera Boabdil el Chico tuviera el menor gesto, al despedirse de Granada y de los Reyes Católicos, por disculparse tras haber dejado la península llena de monumentos, fuentes, calles, moradas, mezquitas, cerámica, música, danza, ritmo, gastronomía e idioma. Algo que Aznar, o incluso un ser humano de su rama biológica, no podrían soportar de haber vivido en aquellos tiempos. No sé por qué, pero el ex presidente español me recordó uno de los momentos más deliciosos del filme La Vida de Brian, cuando los miembros del Frente de Liberación de Judea hablan de la dominación romana. Lamenté que Terry Jones no le hubiera conocido de niño, cuando ya José Mari, en el colegio, apuntaba grandes metas y designios patrios... con una imaginaria metralleta. En honor a la verdad, habré de recordar humildemente al intelectual castellano, que deberíamos exigir la misma compensación moral de parte de los griegos, romanos, cartagineses y bárbaros, aunque en su ADN él sea portador únicamente de restos inidentificables de estos últimos.
 
Ante ese estado de cosas, reconozco que José María Aznar es un firme candidato al Premio Nóbel de la Guerra. Como su buen amigo y correligionario Felipe González (cuya labor como submarinista del PSOE en las filas conservadoras, es aún motivo de estudio y análisis en varios hospitales psiquiátricos para políticos y militares norteamericanos), sabe hablar en el momento oportuno, en el lugar idóneo y del tema adecuado. Como el mundo árabe, musulmán, islámico, o como se le quiera denominar, únicamente tiene que lamentar, desde hace años, miles de víctimas inocentes en decenas de países;  como sus mujeres, ancianos y niños han de pasar por la modernidad de las bombas racimo, del gas mostaza y del napalm disimulado para avanzar hacia la civilización; como no se les fustiga y masacra demasiado, José María Aznar nos recuerda que ningún omeya se disculpó, y deja sentado que él es hoy una de las reencarnaciones más sólidas del último rey godo, Tarik, habiendo prometido no pronunciar jamás en lo que le quede de vida, palabras como alfombra, atalaya, aceite, aceituna, acequia, albañil, alcalde, alcantarilla, alcoba, alcohol, alfalfa, algodón, alhelí, almohada, alquimia, azahar, azogue, azotea, azúcar, azucena, azufre, azulejo, cifra, hazaña, jarabe, jinete, laúd, limón, naranja, sandía, tabique, tambor, taza, zanahoria y otras de origen árabe.
 
Para defender al Sumo Pontífice de las meteduras de pata, de las intenciones diablescas, de la demostrada vesania, hacen falta muchos más héroes como Aznar. Dios nos aseguró que el Papa es infalible en materia de fe y de buenas costumbres, y que es insoportable en el resto de las temáticas.
 
Por ello, proclamo mi deseo de que, como aquel ciudadano llamado Henry Kissinger, autor intelectual de miles de crímenes contra la humanidad, desde Camboya a Chile, Uruguay, Brasil o Argentina, se proponga al cardenal Ratzinger y a José María para tan alto honor. ¿O Kissinger recibió el Nóbel de la Paz? Ya no estoy muy seguro...


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EXCLUSIVA: ENTREVISTA CON DIOS

EXCLUSIVA: ENTREVISTA CON DIOS

Un tipo de lo más siniestro, que se dice representante de Jesús en la Tierra, ha armado lógicamente la de Dios es Cristo con unas recientes declaraciones negando la teoría de la evolución darwiniana (a Herr Ratzinger no le gusta que le llamen heredero del primate, sino del primado Pontífice), pero no contento con ellas, se ha descolgado con otras en las que, de forma peyorativa, vierte toda suerte de comentarios insultantes y vejatorios hacia el Corán, el libro sagrado de los musulmanes, dejando una vez más demostrado, nítida y claramente, que este Papa llamado Benedicto XVI es un perfecto ejemplo de ciudadano iluminado por el Espíritu Santo, ya que no cesa en sus continuas cagadas (de paloma, se entiende, o de pichón, hasta que no se demuestre lo contrario), destinadas a atizar el fuego infernal en las ya castigadas relaciones que existen entre las diversas creencias y deidades. Y más entre cristianos y mahometanos. Al viejo nazi le va la bronca. (Imagen: Dios Padre medita sobre una de las respuestas a C. T.).

Todos los esfuerzos que el bueno de Juan XXIII (una de las excepciones más añoradas en la Iglesia universal), realizara durante su papado para armonizar y hermanar las confesiones del planeta, o promover el respeto y la comprensión ante divinidades tan célebres como Alá, Yahvé, o Jehová, Confucio, Buda, Zoroastro y Changó, lo echa por tierra este malhadado profeta del catolicismo, a quien Dios confunda pronto con un hereje y lo mande al infierno para que purgue sus bravatas.


Profundamente cabreado, me decidí a hacerle una entrevista a un tal Dios Padre, que sin duda debía tener algo que decir al respecto. Según su oficina de prensa, las llamadas al Paraíso han sido tantas, de parte sobre todo del colectivo “Huríes y Monjas unidas” y “Ulemas y Curas por el Matrimonio”, que el buen Señor ha tenido que hacer un alto entre tanta petición, dejando a Insurgente la exclusiva para dar las correspondientes explicaciones que el Vaticano aún no ha querido ofrecer. Ya es sabido que este anciano, o un familiar suyo, no recuerdo bien, dijo eso de “Amad a vuestros enemigos” y uno tiene que aprovechar la ocasión. Total que tras una opípara cena en un restaurante, acompañada de una buena botella de vino tinto y dos copas de ron añejo, me dirigí al Edén para sonsacar al tal Dios Padre unas palabras.


El susodicho me recibe en un humilde despacho de la calle Calvario, flanqueado por dos secretarias o plumíferos ángeles de alas rosadas, que dejaron de volar de inmediato cuando vieron una escopeta de perdigones que llevo siempre conmigo cuando acudo al más allá. Y es que no me gustan las palomas. Las odio. Guiñándoles el ojo, pregunté a uno de ellos, un tal Gabriel (que por cierto llevaba galones de arcángel), si era posible que cerraran las ventanas que daban al purgatorio, porque entraban los alaridos de algunos condenados, lo que suponía una algarabía insoportable, no porque yo me asustase ante el dolor ajeno, sino porque no soporto las quejas de los que allí estaban: unos morosos de mierda, que no habían pagado la cuota esa que todos los párrocos pedían los domingos para las almas pecadoras, y por tanto merecían lo que les estaban dando. Con gesto y mohín de disgusto las cerraron, lo que me hizo pensar en que estos seres son peores que el demonio. Vamos, que les molaba el griterío. Y lo ángeles de la guardia jugando al póker.


Mientras maquillábamos al tal Dios Padre, poniéndole una peluca blanca, una barba a juego y una túnica blanca con reflejos rosáceos, se fundió la cámara de video que llevaba. El halo divino iba a 500 voltios y me jodió todo el sistema, lo que priva a nuestra página de la correspondiente información gráfica. Menos mal que se comprometió a pagarme los desperfectos. Tomé papel y lápiz y me dispuse a la entrevista:


- ¿Qué tiene que decir ante las declaraciones del tal Benedicto XVI que, refiriéndose al Corán, ha vertido una serie de juicios...


El tal Dios Padre me interrumpe:


- Ya sé por dónde vas, Carlitos. Es que este Benedicto es la hostia en verso... Huy, perdón, quería decir que es un caso perdido. Ahora que estaba yo tan ricamente jugando con Alá al dominó, viene el tipo y nos destroza la tarde. Mahoma está con un morro que no veas... Yo creo que se le ha ido la olla, como a casi todos los Papas. ¿Sabes? Con tanto palacio, tanta cena, tanta gala, tantas misas solemnes, pues acaban como se si hubiera metido tres dosis de LSD. Lo malo es que a este no le controlo mucho, ya que me vino recomendado por un presidente judío y tengo que llevarme bien con los antepasados. Ya comprenderás...


- Pero ¿no sería mejor que volviera unos meses a la tierra y pusiera los puntos sobre las íes? La próxima semana esta bestia parda de Benedicto es capaz de defecarse en los Vedas, en los Puranas y en el mismísimo Tora.


- Ahhh... - suspira el tal Dios padre – Quien pudiera ser todopoderoso para quitármelo de en medio, pero mi hijo me plagió hace ya dos mil años todos los trucos que yo había inventado, los metió en una computadora, cambió la clave y me jodió el invento.


Cambié de tercio y pasé a lo más doméstico.


- Oiga, Dios Padre ¿no le parece que los católicos están más despistados que Zapatero en las conversaciones con ETA, y que no saben ya si deben amar al prójimo o a los enemigos, odiar a los amigos o tirarse a las amigas de los demás?


- Se sigue exacto el plan de la Redención, pero realmente muchos de esos creyentes no creen en Cristo. Lo dicen, pero al minuto siguiente, en vez de confiar en Jesús, confían en el dinero o en su poder. Realmente pisotean la Sangre de Cristo. Los paganos me hacen menos daño. Los que más dolor me causan son las personas consagradas que viven peor que paganos. Como este mamón de banquero alemán.


Y de las mejillas del anciano rodaron unas lágrimas de color rosado, y como que se le apagó un poco la voz. (Perdón, que esta frase era de un guión para una crónica en “El Novelón Vaticano”, qué despiste tengo...)


- ¿Qué decías del Vaticano? – preguntó el venerable anciano

- Nada, nada –  me excusé como pude – Son cosas mías, perdone su Señoría


- ¡ Qué señoría ni qué nada de nada ¡ - clama con la voz alta y grave – A mí llámame Emmanuel -


Y en ese momento, una señora mayor, con además y gesto de hartazgo, interrumpe la entrevista y dirigiéndose al tal Dios padre le dice:


- Mira, déjate de entrevistas y vete a echarle una bronca al Niño que ya ha vuelto a hacer de las suyas; acaba de apagar todas las calderas del infierno, ha convertido el agua del cielo en ron y se ha cargado la despensa. En vez de pollo y cordero hay mil toneladas de bacalao, así que huele el paraíso a pescado que es una peste.... Y encima dice que va a seguir haciendo lo que le da la gana.


- Ay, Maria de mi alma – clama el Dios Padre con resignación – ya te dije que esas cosas se las digas a San José que yo estoy muy ocupado.


- Pero es que ya sabes que José dice que ese no es hijo suyo, que era de un arcángel de los tuyos que de me echó encima borracho como una cuba – argumentaba con resignación la anciana. Y además, José siempre quiso una niña.


- ¿Te das cuenta, Tena? – protestó el tal Dios Padre - ¿No es para darle una hostia a la vieja? Pues así me tienen hace dos mil años, dos mil. Ya no soporto más. Mañana me hago musulmán y que les den por el saco a los cristianos. Ya me han hartado.


Discretamente salí del Paraíso y regresé a mi apartamento habanero, no sin antes echarle un vistazo al Corán, a la Biblia, al Tora y al último discurso de Bush. Mentiras cortadas por el mismo patrón.


Como decía John Lennon: Dios es la medida de las miserias del hombre. Y su actual representante en la tierra, el delincuente más peligroso, provocador, mendaz e hipócrita de la creación.

Los toreros deben morir en el ruedo

Los toreros deben morir en el ruedo

Vaya por delante la afirmación categórica de que a mí, la fiesta de los toros me importa tanto como las borracheras de George W. Bush a su señora esposa. Pero ello no es óbice ni cortapisa para que hoy, mira por dónde, me haya levantado con la muleta en la mano, en tanto el fantasma de Cúchares pasea por el dormitorio, mecido entre canciones de Silvio Rodríguez y mensajes de amigos y colegas españoles que se vienen a informar a La Habana sobre la cumbre de los países no alineados. A estos les pongo La Añoranza por la Conga para que vayan metiéndose el ritmo en el cuerpo.

Resulta que una compañera de trabajo me ha regalado un trapo rojo, con aire de muleta, al que ha colocado la correspondiente tablilla, ya que carecemos de una falsa espada, para que pueda mostrarle cómo se da un natural, un pase de pecho, una verónica, y le indique cual debe ser la postura idónea del diestro a la hora de enfilar el estoque contra el morlaco. Total, nada. Y para colmo me cita de corrido a Hemingway, Picasso y Goya. ¿Cómo le explico, sin que se enoje, que los genios lo son también a pesar de sus debilidades?
Esta bondadosa colega, que ignora mi indiferencia hacia la fiesta nacional española* (que afortunadamente cada día es menos en todo), dice estar absolutamente fascinada por el arte que demuestran los toreros que ha tenido la suerte de ver actuar en algún reportaje cinematográfico o de televisión. No lo comprendo, pero estimo en lo que vale esa capacidad de admiración hacia una tradición sanguinolenta y estúpida, aburrida hasta extremos increíbles, en la que un señor, o señora, se dedican a enseñar un trapo a un animal cegato, de unos quinientos kilogramos, para diez minutos después, mandarle a que le inserten unos palos arriba del lomo, y un picador con una puya en la mano, montado en un caballo que no puede ver nada (porque si divisara algo salía de estampida), clava unos diez centímetros de hierro justo donde el cornúpeto tiene la columna vertebral. Y ahí le provoca un agujero del que brota la sangre a borbotones para delirio del personal.


Reconozco que jamás sentí nada, excepto una apatía feroz, ante ese espectáculo que tantas pasiones despierta, aunque en cierta ocasión en que Joaquín Sabina me invitó a una corrida de toros, tuve la suerte de presenciar algo así como un absoluto caos taurino, del que fueron protagonistas un tal Curro Romero, pálido como una hoja de papel caduco, un miembro de la raza gitana llamado Rafael de Paula, este más amarillento, y otro señor mayor al que unos llamaban Antoñete, otros Don Antonio y los menos Chenel, que miraba al bicho que le tocó en primer término con desconfianza suprema, en tanto un color extraño le subía a los mofletes. El que a mi se me pone cuando observo a Aznar. O sea,  azul metileno.

Como los tres mosqueteros se dedicaron (ya que las habladurías decían que todos estaban a la puerta del abismo, es decir, que les quedaban dos días como diestros) a intentar agradar a sus fans, pero no lo conseguían, los asistentes, no contentos con los tremendos insultos que inventaban (porque al parecer lo hacían terriblemente mal), arrojaron sobre la arena y sobre la cabeza de sus ídolos todo tipo de objetos, hasta que uno de los taurófilos, mordiendo su carné de identidad (para que los agentes del orden supieran que iba documentado), pero con las dos manos libres, propinó un par de hostiazos al tal Curro, que aceptó el castigo sin siquiera mirar a la cara al agresor, que en ese momento, actuaba encarnando el espíritu indomable de los espectadores. Todo un festival de despropósitos, agresiones, insultos, vejaciones, escupitajos y gestos obscenos, que provocaron len mí a sensación de estar en un festival del PP, interrumpido por un joven con una pancarta en la mano, que rezara Gora Euskadi Askatuta, en el momento en que Rajoy se hallase en estado de levitación. Inolvidable... y patético.

Debo afirmar que, siendo enemigo de todas las formas de violencia, aquellas gentes de Las Ventas tal vez se hubieran callado, o acaso prorrumpido en ovaciones estruendosas, si alguno de los tres maduros toreros hubiese caído a tierra empitonado por uno de los animales elegidos para esa corrida, porque en el fondo, aunque se teme y estremece, el principal atractivo de ese festejo, como muchos de los consagrados en territorio español, es la posibilidad de que haya un muerto en escena, y si es con violencia, aún mejor. Las gentes de Falsimedia, con PRISA a la cabeza, o sea, los Joseph Goebbels del siglo XXI, pagarían a un morlaco (si fuese posible) para que le jugara una mala pasada al diestro y lo matara de cuatro cuernazos y un descabello. Todo, con tal de vender periódicos, programas de televisión, de radio, o simples fotografías.

Pero resulta que son pocos los toreros que están dispuestos al sacrificio: primero envían a una avanzadilla que estudie al bicho, para que, una vez desentrañado el misterio de por dónde mete los pitones el cabronazo ese, sale el figura con el capote y lo amansa un poco más dándole tres pases mal dados; a los pocos instantes suenan los clarines y otros aguerridos siervos clavan las banderillas en el cuerpo del toro, y al llegar la suerte de la muleta (que es la que priva a mi compañera habanera) el protagonista, racional y humano, se las ingenia para quitarse de en medio al principal actor, animal e irracional, probando a humillarle bajando el trapo hacia la arena, haciendo que junte las manos para meterle el estoque hasta la bola y, cuando el bicho comience a vomitar sangre, por si acaso, un subalterno le hunde el verduguillo entre las vértebras cervicales. Seis veces, seis. Y así termina el delicioso espectáculo.

Considero que la política internacional, pero ante todo la española, necesita de este tipo de tradiciones. El Congreso debería tomar ejemplo y permitir que algún bicho (el ex teniente coronel Tejero ya lo hizo en su tiempo) provocara la algarabía y emoción de ciudadanos de a pie, para que los Zapateros y Zaplanas, dispuestos al sacrificio, tuvieran el coraje de esos matadores y nos deleitaran con su valor, astucia y coraje. Claro que ellos son matadores, pero de otra manera. Lo hacen a través de otro tipo de mercenarios, con ametralladoras y bombas de mano.

Pero no caerá esa breva. Están protegidos en la barrera, no hay ganado en las dehesas patrias y el PCE da su fiesta anual con el patrocinio de El Corte Inglés. Ya no hay toreros decentes, de esos que mueren en la plaza para mayor gloria del respetable. Qué asco.

Y yo, aquí en La Habana, en una mañana de septiembre, ensayando ante el espejo para que mi colega y compañera sepa cómo se da una verónica, un natural o un pase de pecho. Lo que hay que hacer por los amigos. Y más si son cubanas...


Nota.- La última encuesta de GALLUP revela que el 31% de los españoles se muestra interesado en las corridas de toros, mientras que un 68,8% no demuestra ningún interés. Solo el 0.2% no tiene opinión al respecto-
Estos datos corresponden a la última encuesta de la serie que sobre este tema se ha realizado a lo largo de los últimos treinta años. Los resultados suponen una continua tendencia de descenso del interés por este espectáculo.
A principios de los años 70, los interesados en las corridas de toros eran el 55% de los españoles. En los 80, este colectivo representaba cerca del 50%, mientras que en los 90 las cifras de aficionados estaban en torno al 30%.  A comienzos del siglo XXI las cifras son equivalentes.
Según la residencia: Galicia y Cataluña es donde la afición es menor. Manifiestan no tener ningún interés el 81% al noroeste y el 79 al noreste.

¿Se busca la paz o la rendicion de ETA?

¿Se busca la paz o la rendicion de ETA?

Lo que he leído desde hace algún tiempo (más de cinco meses tras el anuncio de un alto el fuego permanente por parte de ETA), acerca de la posibilidad de que se inicie el diálogo para terminar con la violencia, tiene curiosamente como protagonista a un colectivo de ciudadanos ilegalizado mediante una aberrante decisión del Parlamento español, llamada Ley de Partidos Políticos, que sin duda hubiera hecho feliz a Francisco Franco.

Que en 1979 fuera el Código Penal el arma con la que se controlara y, en su caso, se penalizara una determinada actividad, presuntamente delictiva, de uno o varios militantes y/o representantes de un partido legalizado, y casi treinta años más tarde se haya optado por tal artimaña anticonstitucional, no deja de ser el mayor sarcasmo sobre esa pretendida salud democrática de la sociedad española.

Está más que demostrado que la dilación exagerada en el comienzo de las conversaciones con lo que quede de ETA, sin o con la presencia de representantes de una formación política que debería ser tan legal como el PSOE (el PP debería en todo caso responder por su apología del terrorismo franquista), o sea Herri Batasuna, Batasuna o Euskal Herritarrok, no se debe a ningún otro motivo que a la más que pensable y sesgada intervención la más alta autoridad del estado en ese delicado asunto, o lo que es lo mismo, por el subliminal control político de las Fuerzas Armadas en tal cuestión. Porque no es el PSOE, ni el Ministro del Interior, ni siquiera Zapatero quienes pueden comenzar el diálogo. Ellos sólo acatan órdenes. No olvidemos que Franco ganó la batalla, que quienes combatieron por la libertad son aún delincuentes, condenados en juicios por tribunales ilegales y fascistas, que Zapatero se niega anular en nombre de una más que repugnante asimilación de esa victoria de la España única, grande y libre. En este asunto de la paz no ordena el pueblo. Mandan los sables.

Por eso quiero decir y afirmo, que todas las iniciativas para encaminar las conversaciones hacia la meta que significa el encuentro de una solución al conflicto vasco con los estados español y francés, han sido dadas únicamente por Batasuna y su entorno, por sus estúpidamente ilegalizados líderes, o lo que es lo mismo, por buena parte de la ciudadanía de aquella nación, que votaba aquella opción política; y lo volverá a hacer en pocos meses, porque la historia sólo puede ir hacia atrás durante un tiempo breve.

Pero lo más vergonzoso no es ya el inmaduro silencio sobre esas conversaciones, que desea y apoya más de la mitad del pueblo español (ahí están las encuestas a las que tanto se aferra  el Gobierno cuando le conviene), sino la actitud de los dirigentes de dos partidos políticos vascos: concretamente el PNV o EA (los otros ni se me ocurre mentarlos) que han elegido la vía del avestruz para encararse con el nuevo escenario.

Ante la huelga de hambre de Iñaki de Juana Chaos, la callada por respuesta. Ante la tozuda y persistente dispersión de los presos vascos, el mutis por el foro. Ante las manifestaciones por los derechos de estos reclusos, la violencia de la policía autonómica. Esa cobardía política ha de ser castigada por el electorado. Y el tiempo se encargará de ello, porque, insisto, no se puede engañar a un pueblo todo el tiempo. Y llevamos ya más de 70 años soportando la mentira, el engaño, la simulación y el silencio.

La sinrazón más infantil, pero por encima de todo la inmadurez política, la mediocridad y la cobardía más triste, brillan en las palabras vacías y carentes de toda voluntad que pronunciaba Zapatero a un periodista alemán, contestando a la pregunta de siempre, que yo formularía de la siguiente manera:

-          ¿Se puede saber de una pajolera vez, señor presidente del gobierno español, cuando van a comenzar las conversaciones con ETA que marquen el principio del fin de la violencia?

Como Zapatero quedaría mudo, esperando que le chivaran la respuesta desde la Zarzuela o desde las mismas entrañas de la Asociación para el Mantenimiento de la Venganza, que es a donde se mira cuando hay miedo de dar un paso decidido y valiente, aprovecharía para hacerle una segunda:

-          ¿Podría decirnos cuando va a hacer política en serio y no como hasta ahora que trata de que todos salgan descontentos y ninguno satisfecho?

Como ZP continuaría mirando una foto de la espléndida catedral de León, porque este abogado es ante todo patriota y sensible al arte, me decidiría por formularle otra cuestión más:

-          ¿Hasta cuando se va a permitir que el país lo manejen los uniformes? ¿No cree que ya es hora de que las Fuerzas Desarmadas, o sea, los civiles, sean quienes ordenen a las otras, las que disponen de tanques y aviones, y no al revés?

La cara de pasmo que suele tener el tal Zapatero, seria hasta un ejercicio de interpretación a lo Actor’s Studio, cuando escuchara una nueva pregunta:


-          ¿Sabe que muchos españoles sospechan que el Ejército quiere la rendición de ETA y que éste prohíbe cualquier conversación que suponga contrapartida alguna?

Y al verlo en el suelo, exánime, con la misma cara de Felipe González ante una pregunta sobre los logaritmos neperianos, le ofrecería un vino del Bierzo, una palmadita en el hombro y una frase cariñosa:

-          Mira, José Luis, vuelve a León, regresa con tus amigos de la infancia, tómate un asueto de varios años, y deja la política al pueblo, a ese pueblo español que nunca ha decidido nada, y que no merece ese trato.

Con la política que desarrolla el PSOE Valdés, basada en la constante humillación de los verdaderos demócratas, siempre tendrá la última palabra esa España fundamentalista, amante de la sangre, de la violencia en las cárceles, de la bestialidad policial, esa España que se proclama generosa y cristiana, pero que no es sino soberbia, egoísta y católico-fascista-apostólico-romana.

Está meridianamente claro que hay dos Españas. Pero por desgracia sólo gobierna la de siempre: la más cobarde, inútil, inculta y vengativa.
           

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